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Los besos más artísticos, aquellos que nuestras retinas no olvidarán

Noemí López Trujillo - 1 octubre, 2012 - 16:14
beso
«El beso» - Fotografía: Man Ray

«No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo», dijo Walt Whitman. Y el amor, también. Es un tema universal que ha sido retratado en la música, en el cine, en la literatura y, por supuesto, en el arte. Los besos han sido plasmados por diversas corrientes pictóricas y sus lenguas se han hundido en las retinas generación tras generación. La fotografía y la pintura han servido para reflexionar sobre cómo algo tan común como un beso puede ser tan diferente. Aquí te presentamos los clásicos, desde el romanticismo cinéfilo de Doisneau hasta la locura y el surrealismo de Man Ray.

 Robert Doisneau. Es el icono del romanticismo parisino por excelencia. En 1950, Doisneau tenía un encargo: una serie fotógrafica sobre el amor para la revista America’s Life. De ahí salió su obra más significativa, «El beso», en la que se ve a una pareja besándonse frente al Ayuntamiento de París.

 

 

 Alfred Eisenstaedt. También es uno de los besos más influyentes en la historia de la fotografía. Realizada por Alfred Eisenstaedt, es significativo que los protagonistas eran unos desconocidos que celebraban el final de la Segunda Guerra Mundial en plena plaza de Times Square, en Manhattan. Si no se consagró tanto como un icono del amor, sí lo hizo como el fin de una lucha y la necesidad del ser humano de celebrarlo expresando sus sentimientos.

 

 

 Gustave Klimt. Es casi imposible saber dónde comienza un cuerpo y dónde acaba el otro, o qué es el espacio que les rodea. Muchas son las incógnitas que rodean a estos dos amantes, pero no cabe duda de que «El beso» continúa fascinando más de 100 años después.

 

 

 Man Ray. No es tanto un beso como la sugerencia del mismo lo que Man Ray, uno de los artistas más importantes del movimiento dadaísta junto a Marcel Duchamp, pretende mostrar. El fotógrafo empleaba la técnica de la rayografía: no usaba la cámara y creaba su obra a partir de la exposición de un objeto ante reiteradas fuentes de luz móviles, con lo que conseguía positivar sobre el papel unas imágenes con relieves. Es en esta obra donde Man Ray utiliza este proceso, en la que, además, es él mismo uno de los protagonistas. Afortunado en besar a su musa, Kiki de Montparnasse, quien hizo de su cuerpo un violín en la fotografía «Le violon d’Ingres».

 

 Pablo Picasso. El beso es casi tan voraz como los característicos rasgos de sus protagonistas. Creado en 1969, pertenece a la etapa final del artista, la más madura y quizá la más conocida por sintetizar sus experiencias anteriores.

 

 

 René Magritte. A diferencia de la obra anterior, donde los ojos están completamente abiertos, en la de Magritte, no sólo no están cerrados, sino que se podría pensar que nunca se han visto. Si bien diversas teorías apuntan que el pintor belga basó su cuadro en la muerte de su madre, eso no implica que sea la interpretación que todo aquel que se plante ante dicha pintura deba intuir. El arte tiene tantos análisis como personas disfrutan de él, y este cuadro no ha dejado de inspirar amor en muchos.

 

 Edvard Munch. La tragedia parece que se cierne sobre estos dos amantes, rápidos, vertiginosos. Edvard Munch, incluso cuando retrataba el amor, no dejaba  de lado el drama. Aunque el amor es el tema principal y se condensa en un beso, el abrazo es opresivo y la atmósfera oscura.

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