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Ciega, sorda y muda, la vida de Hellen Keller como mito de superación

EFE - 15 enero, 2013 - 11:19
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EFE - Fotografía:

En el libro “La historia de mi vida” recogió Hellen Keller las experiencias que la convirtieron en un mito de superación personal al ser la primera mujer ciega, sorda y muda que llegó a la universidad y que, más de un siglo después, vuelve a publicarse en la versión de Carmen de Burgos “Colombine”. Alentada por Alexander Graham Bell, inventor del teléfono, a quien dedicó “La historia de mi vida”, Hellen Keller no sólo aprendió a hablar, a leer y a escribir, también a máquina, sino que estudió, aprendió alemán y francés, latín y griego, publicó varios libros y, ya en su madurez, se dedicó a dar conferencias y a renovar los métodos de aprendizaje para ciegos y sordos.

Todo eso después de que, a los 19 meses de edad, una enfermedad la dejara ciega y sorda y de que sólo se valiera del tacto durante los siete primeros años de su vida hasta que entró en contacto con la que sería su maestra, Anne Sullivan, también casi ciega a causa de una enfermedad relacionada con la pobreza en que pasó su infancia. Nacida en 1880 en el pueblo norteamericano de Tuscumbia, Hellen Keller emprendió su aprendizaje después de que su madre leyera en un libro de Dickens la historia de una chica que, también en Norteamérica, había podido ser instruida pese a ser sorda y ciega.

Su familia consultó con Graham Bell porque tanto la madre como la esposa del inventor eran sordas, y su padre, su abuelo y su hermano trabajaron en el campo de la dicción y el habla, por lo que Hellen Keller recordaría aquel contacto como el momento en que pasó “de la oscuridad a la luz; de la ignorancia, a la ciencia; del aislamiento, al amor y la amistad”. No obstante, como “el día más notable” de su vida señala el de su encuentro con su maestra Anne Sullivan, quien comenzó su labor tomándole la mano y trazándole en ella las letras que componían las palabras, empezando por las de “muñeca”, ya que Hellen pasó los primeros siete años de su vida jugando con una muñeca y una perra.

“Mi maestra está tan íntimamente ligada a mí, que apenas tengo idea de mí misma sin ella. No sabría decir hasta qué punto es innato mi amor por todo lo hermoso, y hasta donde se debe a su influencia. Todo lo mejor de mí le pertenece: no tengo ni un talento, ni una aspiración, ni una alegría que no haya despertado gracias a su influencia cariñosa”, escribió Keller en su “Historia de mi vida”. Con 10 años aprendió a hablar con el método de Sara Fuller: “Me tomaba la mano, que pasaba ligeramente sobre su rostro, haciéndome palpar las posiciones de su lengua y de sus labios, mientras que ella profería un sonido simple articulado”.

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